¡Yo le rompo la cara a la gente por dinero! : Conor McGregor

Admirado y detestado a partes iguales, al luchador de artes marciales más famoso del mundo, Conor McGregor, se le ha quedado pequeño el mundo de la lucha.

Ahora se dedica a gastar dinero en relojes, coches y ropa cara. Puede que ‘The Notorious’ (apodo que ‘pidió prestado’ a The Notorious B.I.G., uno de los raperos más influyentes de todos los tiempos) se haya hecho rico, pero sigue luchando para ganarse la vida.

En cuatro años, se cuentan por cientos de miles las personas que se han aficionado a las artes marciales mixtas gracias a sus escasas diez peleas en la Ultimate Fighting Championship (la UFC, la mayor empresa de esta categoría en todo el mundo), que se ha vendido por 4.200 millones de dólares recientemente.

Ahora, en una entrevista publicada en GQ España, McGregor comparte su “vida de tío normal y corriente”, que consiste en beber litros de tequila, vestir jerséis de Gucci e ir de compras con el dinero que ha ganado tornando a hombres peligrosos en chiquillos inconscientes.

El chico malo del Condado de Crumlin –el barrio irlandés donde nació hace 29 años– cuenta cómo Irlanda se ha llenado de mini McGregors: bandas de chavales con barba y chaleco, vestidos inmaculadamente –igual que él–, que van buscando pelea.

“Todos quieren ser un poco como yo, como canta Drake. Todos quieren ser un poco como yo. Es la puta verdad”. ¿Qué piensa él al respecto? “No los culpo. Si yo no fuese yo, también querría ser como yo”.

Considera su fama reciente como algo divertido, al menos, hasta que la gente se le acerca mucho. “Creen que soy una celebrity, pero no lo soy. Yo parto la cara a la gente por dinero”, expone.

The Notorious siempre encuentra la forma de golpear al oponente en el momento en el que menos se lo espera. Parece estar más calmado en el ring que la mayoría de la gente en un supermercado un martes por la tarde. Sus padres dicen que nació con los puños cerrados. “He peleado casi toda mi puta vida”, dice Conor McGregor.

“Nadie combate tan limpio como yo. Mis golpes son limpios. Mis golpes son precisos.Mira a Nate [Diaz, a quien batió el pasado agosto]. Nate pesaba 90 kilos. Cuando lo derroté, fue como si un francotirador le apuntara entre sus ojos y le disparara. La forma en la que cayó, como un saco de mierda. Ése es el poder que tengo”.

Y, ¿en qué se traduce eso técnicamente? “Todo está en las pelotas. Todo está en las bolas. Sólo tengo la certeza de que viene de ahí abajo, y sé que cuando te golpee, te derribaré. Eso es todo”, asegura.

Ahora su nuevo rival es la propia UFC, de la que lleva retirado unos meses. Cuando el año pasado ganó la final de peso ligero en el Madison Square Garden, se convirtió en el poseedor de dos cinturones de la UFC, peso ligero y peso pluma.

La organización sabía que no podría defender los dos cinturones al mismo tiempo y no quisieron esperar siquiera a que lo intentara. Solo dos semanas después, la liga le dio el título de peso pluma de McGregor a José Aldo, el luchador al que se lo quitó sobradamente en 2015. ¿Qué busca exactamente? “4.200 millones de dólares”, dice riendo, haciendo referencia al precio de venta de la competición.

“Quiero negociar lo que valgo. Quiero enseñarles mis análisis financieros, cara a cara, y decirles: ‘Esto es lo que me debéis. Pagadme’. Y después ya hablaremos”.

¿Y después? Hace poco, McGregor solicitó en California una licencia de boxeo y la obtuvo. Más tarde se rumoreó que le había echado el ojo a ese deporte, así como a su mayor estrella, Floyd Mayweather, “el tío contra el que todos quieren pelear” al que no parece temer: “La edad no perdona a nadie. Tiene 40 años ya. Es muy pequeño, tiene una cabeza diminuta.

Creo que mi puño es más grande que su cabeza. Yo tumbo a la gente. La dejo inconsciente. Si golpeo a un tío, su cabeza acaba en las gradas”. La de Mayweather, o la de cualquiera de sus oponentes:

“No me importaría darle un trancazo a a alguno de los que él no tumbó. Él gana siempre por decisiones de los jueces. No puede evitarlo. Así que todo lo que tengo que hacer es coger a algún idiota al que haya ganado de esa manera, golpear su cabeza con mi mano izquierda, tumbarlo, y listo: ya está hecho”.

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